Raúl Rivera
“En una proyección
para 2010, la economía de las megacorporaciones, compuesta sólo por mil
577 empresas, representarán el 73,9% de las ventas totales. Es evidente
que en este escenario las posibilidades de reducir las desigualdades
económicas y sociales se convierten en una mera ilusión, de no
establecerse cambios sustantivos en los acuerdos políticos básicos para
enriquecer y modificar la actual estrategia de desarrollo”. Sin ambages,
el economista y académico Humberto Vega, realiza en su nuevo libro “En
vez de la injusticia” un estudio global de los orígenes de la
desigualdad en el país, además de las razones que explican su
profundización.
Vega, ahora decano
de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central, se
declara concertacionista, pero eso no obsta a que emita un juicio
crítico respecto a lo que se ha realizado -desde el fin de la dictadura-
para acortar las brechas de ingreso. “El balance de los comportamientos
de los coeficientes de Gini -indicador de desigualdad- para los años de
Gobierno de la Concertación, muestra que la fórmula de ‘lograr
crecimiento con equidad’ sólo se aplicó con éxito en el período del
Presidente Patricio Aylwin; después no se puso o no se quiso o no se
pudo repetir la experiencia”, plantea el académico en su obra.
-¿Cuál es la
real responsabilidad de las últimas administraciones en materia de
desigualdad?
-En este bloque
histórico que se llama Concertación -que es un sector al que yo
pertenezco y he ayudado a construir- se habló de un compromiso por
recuperar la democracia, y de compatibilizar crecimiento con equidad. Y
aunque fue el eslogan de los cuatro gobiernos concertacionistas, los
resultados muestran que no hay equidad y existe una contradicción muy
grande entre el discurso y la acción.
Yo siempre cito el
seminario realizado en CasaPiedra durante las últimas elecciones
presidenciales sobre desigualdad, que me impresionó mucho. Ahí, la
Presidenta Michelle Bachelet, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera, hablaron
de las escandalosas desigualdades. Pero llegado el momento de hacer las
cosas las desigualdades persisten.
Para combatirlas
tenemos que ponernos de acuerdo en el concepto de justicia. Es necesario
darnos cuenta en qué nos diferenciamos en nuestro concepto de justicia,
y fortalecer lo que llamo la ética civil.
-¿Qué implica
este concepto?
-No hay democracia
ni desarrollo democrático sin ética civil. La ética civil es la que
consensúan los distintos grupos sociales y religiosos. La convivencia
supone un respeto de los derechos y asumir responsabilidades mutuas. La
ética civil es la ética básica de los consensos. Hemos aprendido mucho
en el campo medioambiental, en los procedimientos administrativos. Hay
que tener una actitud positiva para recoger la crítica. Hay que tener
una actitud de aceptar las proposiciones del otro, reelaborarlas, y
después contestar. No es posible un diálogo cuando el empresario le
niega el derecho al trabajador y le dice ‘mire esta empresa es mía y
ustedes no tiene nada que decir’. Una empresa es una integración de
factores sociales, por lo tanto se reconocen derechos y
responsabilidades mutuas y se reconoce que existen intereses y valores
comunes en relación al desarrollo de la empresa.
-¿En Chile
existen las condiciones para desarrollar una ética civil?
-Uno se da cuenta
que la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) es una gran
muestra, y que ayuda mucho a hacer más eficaces las políticas sociales.
Pero la Casen no explica la distribución entre capital y trabajo al
interior de la empresa. El producto de la relación capital -trabajo es
muy desigual. Entonces uno va a los datos de cuentas nacionales del
Banco Central para saber cuánto le toca al capital y cuánto al trabajo.
Y resulta que están registrados los ingresos de los trabajadores, y
después lo que se denomina excedente bruto, que son las utilidades más
las remuneraciones de los trabajadores por cuenta propia. Es decir,
combinan ambos elementos y ocultan las utilidades. Aquí los ingresos del
capital son como un secreto de Estado, hay todo un aparato y una
hipocresía para ocultar la injusticia. Todo el mundo exige
transparencia, pero hoy día no la hay. Uno podría exigir que los grupos
económicos tuvieran sus ingresos consolidados, tanto de sus empresas
nacionales o en el extranjero, sean sociedades anónimas o de
responsabilidad limitada.
-¿Existen otros
elementos de la sociedad chilena que oculten la injusticia?
-No sé cómo es
posible que Chile tenga culto al rico, y al mismo tiempo diga que el
Padre Hurtado es un gran chileno. El padre Hurtado era brutal con los
ricos. Este culto es una cuestión muy nociva para la sociedad
democrática. Este es un fenómeno mundial al cual hay que combatir.
Además hay un atraso en cultura democrática que es impresionante. No hay
esa disciplina de respetar la voluntad de la mayoría. No esta integrada
la justicia a la estrategias de desarrollo.