HUMBERTO VEGA, AUTOR DEL LIBRO “EN VEZ DE LA INJUSTICIA”


“En Chile hay un aparato y una hipocresía que ocultan la desigualdad”

Para el académico de la Universidad Central, los gobiernos concertacionistas han actuado por omisión en el tema de la distribución del ingreso. En su opinión, es necesario establecer una ética civil para lograr una estructura social y económica más equitativa, además de poner freno a la expansión de las megacorporaciones.

 

La Nación (Diario chileno, 17 de julio de 2007)

Raúl Rivera

“En una proyección para 2010, la economía de las megacorporaciones, compuesta sólo por mil 577 empresas, representarán el 73,9% de las ventas totales. Es evidente que en este escenario las posibilidades de reducir las desigualdades económicas y sociales se convierten en una mera ilusión, de no establecerse cambios sustantivos en los acuerdos políticos básicos para enriquecer y modificar la actual estrategia de desarrollo”. Sin ambages, el economista y académico Humberto Vega, realiza en su nuevo libro “En vez de la injusticia” un estudio global de los orígenes de la desigualdad en el país, además de las razones que explican su profundización.

Vega, ahora decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central, se declara concertacionista, pero eso no obsta a que emita un juicio crítico respecto a lo que se ha realizado -desde el fin de la dictadura- para acortar las brechas de ingreso. “El balance de los comportamientos de los coeficientes de Gini -indicador de desigualdad- para los años de Gobierno de la Concertación, muestra que la fórmula de ‘lograr crecimiento con equidad’ sólo se aplicó con éxito en el período del Presidente Patricio Aylwin; después no se puso o no se quiso o no se pudo repetir la experiencia”, plantea el académico en su obra.

-¿Cuál es la real responsabilidad de las últimas administraciones en materia de desigualdad?

-En este bloque histórico que se llama Concertación -que es un sector al que yo pertenezco y he ayudado a construir- se habló de un compromiso por recuperar la democracia, y de compatibilizar crecimiento con equidad. Y aunque fue el eslogan de los cuatro gobiernos concertacionistas, los resultados muestran que no hay equidad y existe una contradicción muy grande entre el discurso y la acción.

Yo siempre cito el seminario realizado en CasaPiedra durante las últimas elecciones presidenciales sobre desigualdad, que me impresionó mucho. Ahí, la Presidenta Michelle Bachelet, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera, hablaron de las escandalosas desigualdades. Pero llegado el momento de hacer las cosas las desigualdades persisten.

Para combatirlas tenemos que ponernos de acuerdo en el concepto de justicia. Es necesario darnos cuenta en qué nos diferenciamos en nuestro concepto de justicia, y fortalecer lo que llamo la ética civil.

-¿Qué implica este concepto?

-No hay democracia ni desarrollo democrático sin ética civil. La ética civil es la que consensúan los distintos grupos sociales y religiosos. La convivencia supone un respeto de los derechos y asumir responsabilidades mutuas. La ética civil es la ética básica de los consensos. Hemos aprendido mucho en el campo medioambiental, en los procedimientos administrativos. Hay que tener una actitud positiva para recoger la crítica. Hay que tener una actitud de aceptar las proposiciones del otro, reelaborarlas, y después contestar. No es posible un diálogo cuando el empresario le niega el derecho al trabajador y le dice ‘mire esta empresa es mía y ustedes no tiene nada que decir’. Una empresa es una integración de factores sociales, por lo tanto se reconocen derechos y responsabilidades mutuas y se reconoce que existen intereses y valores comunes en relación al desarrollo de la empresa.

-¿En Chile existen las condiciones para desarrollar una ética civil?

-Uno se da cuenta que la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen) es una gran muestra, y que ayuda mucho a hacer más eficaces las políticas sociales. Pero la Casen no explica la distribución entre capital y trabajo al interior de la empresa. El producto de la relación capital -trabajo es muy desigual. Entonces uno va a los datos de cuentas nacionales del Banco Central para saber cuánto le toca al capital y cuánto al trabajo. Y resulta que están registrados los ingresos de los trabajadores, y después lo que se denomina excedente bruto, que son las utilidades más las remuneraciones de los trabajadores por cuenta propia. Es decir, combinan ambos elementos y ocultan las utilidades. Aquí los ingresos del capital son como un secreto de Estado, hay todo un aparato y una hipocresía para ocultar la injusticia. Todo el mundo exige transparencia, pero hoy día no la hay. Uno podría exigir que los grupos económicos tuvieran sus ingresos consolidados, tanto de sus empresas nacionales o en el extranjero, sean sociedades anónimas o de responsabilidad limitada.

-¿Existen otros elementos de la sociedad chilena que oculten la injusticia?

-No sé cómo es posible que Chile tenga culto al rico, y al mismo tiempo diga que el Padre Hurtado es un gran chileno. El padre Hurtado era brutal con los ricos. Este culto es una cuestión muy nociva para la sociedad democrática. Este es un fenómeno mundial al cual hay que combatir. Además hay un atraso en cultura democrática que es impresionante. No hay esa disciplina de respetar la voluntad de la mayoría. No esta integrada la justicia a la estrategias de desarrollo.




 

“No se puede estar sometido a las actuales asimetrías de mercado”
 

-¿Qué caminos se pueden tomar para acortar las brechas de desigualdad?

-El problema de la injusticia económica se da en tres dimensiones. Una es la distribución del ingreso, donde han existido cambios muy marginales, aunque en la última encuesta hay un pequeño avance. Pero mi hipótesis es que si se mantiene la estrategia de desarrollo y las políticas tal como están nunca se va a resolver ese problema.

La segunda es la pobreza, que es la necesidad absoluta, y ahí la Concertación ha tenido un tremendo éxito. En 1987 el 44,5% de la población estaba en estado de pobreza, y hoy día se ha reducido a 13%.

El tercer punto es la integración económica. Durante el período concertacionista Chile más que ha duplicado su riqueza, su ingreso, el crecimiento económico ha sido positivo mirando los 17 años. Pero este desarrollo ha creado grandes distancias, porque la forma democrática de hacer igualdad es que los pobres y los medianos aumenten sus ingresos a mayor velocidad que los ricos. Después de la Segunda Guerra, la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia europea acordaron la creación de Estados de bienestar, sobre la base que si los ingresos de los ricos eran muy elevados tenían altísimos impuestos, porque la desigualdad es mala para la democracia y conspira contra la integración social.

-¿Funciona ese esquema en Chile?

-Digamos que el año noventa un empleador gana dos millones de pesos, y el trabajador 200 mil. En 2000, el empleador duplicó su ingreso, y gana cuatro millones; mientras que el trabajador también duplicó su ingreso y gana 400 mil pesos. La distancia económica el año noventa es de un millón 800 mil pesos, en tanto que en el 2000 la distancia es de tres millones 600 mil pesos. Eso no es bueno para la sociedad, debemos cuidar que las distancias económicas no se disparen. Otra omisión de las últimas administraciones han sido las políticas de mercado de la vivienda, no hemos hecho nada para crear una política de integración. Dejamos que los ricos se vayan a un lado y los pobres a otros, no existen referencias comunes. Hay familias que se ganan la vida honestamente, que viven en La Dehesa, pero no conocen Plaza Italia, y con la Costanera Norte no ven la pobreza. Por esta razón planteo que se incorpore a la Constitución un derecho al espacio económico.

-¿En qué consistiría este derecho?

-En la doctrina social de la Iglesia hay un principio, que es el destino social de los bienes. Esta es una formulación muy antigua, donde establece que todos tienen derecho a los bienes y nadie puede ser marginado de ellos. Resulta que hoy día los grandes grupos económicos, las grandes cadenas del retail o los grandes grupos forestales, con su desarrollo y sus imperios, les niegan el espacio económico a otros empresarios. Eso no es posible. Se debe tener espacio para invertir, para emprender, no se puede estar sometido a las actuales asimetrías de mercado.

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