| OPINIÓN | Martes 8 de febrero de 2005 |
| La Tercera (Diario chileno)> Opinión |
Los debates prohibidos de A. Latina |
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Por Dante Caputo, ex canciller argentino (Project Syndicate) |
| Fecha edición: 08-02-2005 |
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Hace veinticinco años, solamente Colombia, Costa Rica y Venezuela eran democracias razonablemente estables en América Latina. Hoy, en toda la región existen las que pueden considerarse "democracias electorales". De hecho, en ningún otro momento después de la independencia ha habido tal proliferación democrática en América Latina. Pero lo que se ha ganado nunca se puede dar por seguro. Un golpe militar no es la única manera de destruir una sociedad y la llama de la democracia también puede extinguirse gradualmente cuando los sueños de justicia y progreso social no se hacen realidad. En los 25 años de espectacular encumbramiento de la democracia en América Latina, el ingreso per cápita ha aumentando en apenas US$ 300. Incluso en Chile, que ha tenido un alto crecimiento económico y ha reducido la pobreza a la mitad, y Brasil, que en los años 90 redujo en un tercio el porcentaje de ciudadanos que viven bajo la línea de la pobreza, la concentración de la riqueza ha aumentado.
Así, la profunda transformación política y económica en América Latina ha
ocultado una profunda disparidad entre las reformas y la realidad. Pero
aunque esta brecha pone en peligro el futuro de la democracia, muchos
gobernantes latinoamericanos sienten que es una especie de herejía decir
que los niveles de vida hoy son poco mejores que los existentes en la
época de las dictaduras. Su primer impulso es defender estas democracias
electorales afirmando que ya no cometen asesinatos ni practican la
tortura.
Por supuesto, insistir en que la democracia latinoamericana ha sido una gran desilusión no sólo sería pesimista, sino que no reconocería que los valores más importantes de una sociedad libre incluyen la capacidad de cambiar, rectificar y mejorar. El problema no radica en las insuficiencias, sino en la manera en que escogemos resolverlas. El papel del Estado, el mercado y el lugar de la región en la economía global son todos factores que requieren una urgente atención y discusión. No obstante, nuestros líderes consideran que estos temas son tabúes. América Latina parece carecer de la voluntad de crear una verdadera democracia popular y se ha atado a una estrecha economía de mercado cuyos malos resultados son evidentes para cualquiera. Pero el gobierno tiene un papel central que jugar en el debate sobre la creación de la democracia, uno que es más importante que únicamente supervisar el orden fiscal. No hay duda de que un mero retorno al Estado paternalista no resolverá nada, ya que es ineficiente y genera un desequilibrio opuesto, pero equivalente. De hecho, es posible que aún haya que crear el marco conceptual de un Estado que se pueda gobernar a través de una verdadera democracia. Lo mismo se puede decir acerca de la economía de mercado. El consenso de Washington, con su énfasis en la liberalización, la desregulación y la privatización, no permite prever un mayor ingreso per cápita ni elimina la pobreza. Sin embargo, sí aumenta la desigualdad. ¿Significa esto que deberíamos abandonar la economía de mercado? No, porque, dicho en palabras simples, la libertad política no se puede separar de la económica. Asegurar la autonomía de las naciones latinoamericanas en la economía global es otro tema vital que se debe debatir, ya que es esencial que los gobiernos nacionales tengan el poder de ejecutar la voluntad de sus ciudadanos. Esto no requiere crear de inmediato nuevas estructuras administrativas, pero una hábil coordinación política puede y debe estar en el centro del debate. No podemos basar nuestras acciones únicamente en la voluntad comercial, ya que eso nos limita a funcionar según los caprichos de los mercados internacionales. En la actualidad, los estados de América Latina necesitan acuerdos políticos que los protejan del unilateralismo norteamericano y la economía global. Sin duda, si no se da inicio a estos fundamentales debates acerca de la democracia latinoamericana se creará un suelo fértil para revivir las fantasías autoritarias del pasado. Tras haber ganado parte de su libertad, los latinoamericanos no deben pagar las consecuencias de que sus líderes no abran la discusión. |