Elsa Carmen Chapo, escritora argentina

 

El padre: maestro, profesor, escritor, autor de letras de canciones folclóricas. Uno de sus libros: Santoral Profano La mamá: supo hacer poesía no literaria pero sí cotidiana y brindó amor y compañía hasta sus últimos momentos. La hermana: suple en todo a los ausentes y se destaca por su reconocida habilidad en tareas empresariales. Ella: nacida en Buenos Aires. Maestra, asistente social, escritora, poeta y artista plástica. Primer premio en uno de los concursos de cuentos del Centro de Artes y Letras "San Telmo". Libros: A mis Papis ? Mis viajes por las Bellas Artes. Participé en Antologías del citado Centro, de Ed. Del Tridente, Red Literaria, Embajada de las Letras. Colaboradora de las Revistas: La Brújula, Arlequín, Enrejado. Exposiciones de óleos en: Buenos Aires, Uruguay, Roma.

 

                                                                                                        

Retrato de su padre que realizó en carbonilla

JULIO RAFAEL CHAPO

 


Una de sus poesías que fue publicada por Ed. Del Tridente en "sólopoesía"

PERFUME DE MADERA

Perfume de ese árbol que ya fue y aún se está brindando. Aroma de un bosque en libertad que, hoy, tengo en mi cuarto.

Presencia de la vida natural, cercada por paredes. Recuerdo de los seres que se van pero siguen quedando.

Inhalo e imagino: fuertes sus brazos, su tronco resistente y su follaje, haciendo enamorar a flor silvestre
que, triste se secó, cuando vio el hacha.

¿Prolongó, su existencia, un artesano? En un cajón del mueble, guarda sus sueños y los contagia a... toda mi ropa.

Su aporte en 2004....

INAUGURACIÓN

Corría el año 1995.

En vida de la señora Indra Devi, la revista "La Brújula" -a cuyo staff yo pertenecía-, me publicó la nota que transcribo, como un homenaje más a quien nos legara su ejemplo y sus enseñanzas:

Cuadro de texto: Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Argentina. En el Stand de "La Caja Docente" con su libro "La luz de las palabras"
ESCUCHANDO A MATAJI INDRA DEVI

En el barrio de Caballito de la ciudad de Buenos Aires,había una casa que calificaría de triste: sus paredes descascaradas, sus puertas descoloridas que, contrastaba con otros modernos edificios.

Hasta que un día, se empezó a limpiarla de a  poco pero sin pausa. ¡Cuántos contenedores fueron necesarios para sacar tantos residuos que se acumularon con los años!

Después,  se comenzó con una celeridad asombrosa a su arreglo. Parecía como en esas películas que van mostrando  algo que se transforma y, lo hacen en un tiempo que lejos está del que debió emplearse. Pero, en este caso fue real. Se terminó pintándolo todo de blanco y se pulieron los mármoles hasta que aparecieron de ese mismo color.

No sabíamos para qué se iba  a destinar la casona.

Nos enteramos,cuando repartieron invitaciones para su inauguración. Se trataba, de un nuevo estudio  de  la Fundación Indra Devi- Yoga, en la calle Colpayo 52.

Asistí junto con muchas personas.

Nos descalzamos para entrar en el salón donde iba a habla la señora Indra Devi, -pienso que con el calzado, dejamos un poco de nuestro nervioso trajinar.

Al principio se refirió al yoga, diciendo que: las asanas son lo más importante y que son posturas y no ejercicios, aunque también hay ejercicios.

Comentó que su vida estaba llena de anécdotas insólitas. Cuando ella nació,  en Rusia tenían un almanaque unos diez o doce días adelantados y,  en ese momento, marcaba el 12 de mayo de 1899; por ello, más adelante, grabaron como su fecha de nacimiento, el 31 de abril, (fecha que no existió).

Durante la exposición, la Señora hizo chistes y comentarios simpáticos. En un momento dado, tosió un par de veces y luego dijo:

"No lo crean, es puro teatro".

Recalcó que cada palabra y cada pensamiento tiene su fuerza. Si no lo sabemos, también ignoramos la fuerza que tenemos cada uno de nosotros.

Hizo pasar a un hombre de contextura fuerte que estaba en el público.Al pararse junto a él, comenzó a llenarlo de elogios. Luego,

le indicó que levantara sus brazos y se le colgó a uno de ellos. El señor la sostuvo perfectamente. Después, le pidió que bajara los brazos e,  inmediatamente, lo bueno que le había dicho, lo dic vuelta. Comenzó a decirle malos atributos y, aunque todos nos reíamos por saber que no era en serio, el hombre no pudo evitar sonrojarse. Repitió su pedido de que levantara los brazos y se le volvió a colgar, pero esta vez no la pudo sostener.

Cuando terminó la charla, me detuve a la salida para mirar a los que se retiraban. Llevaban reflejada en el rostro esa sensación de amor y paz que emanaba de la señora Mataji Indra Devi. Hasta me pareció que,  el viejo pero remozado edificio, había dejado de estar triste, se mostraba radiante y  ¿por qué no? : SONREIA.

 

 

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