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El autor de "Oración para que no me olvides" fue un
provinciano enamorado de la cultura campesina de la primera mitad del siglo
XX |
Arturo Alejandro Muñoz, desde Coltauco
(04/07)
LA GRAN GABRIELA sufrió el desdén de sus pares debido a
su condición –en un Chile ultraconservador y tradicionalista- de mujer,
provinciana y maestra. Consciente de que en su patria difícilmente podría hacer
huella, decidió irse al extranjero y desde allí alcanzar los máximos niveles de
la perfección poética junto al aplauso honesto y encantado de millones de
lectores. Obtuvo el Premio Nobel el año 1945, y sólo siete calendarios más tarde
Chile le entregó el Nacional de Literatura.
Oscar Castro Zúñiga experimentó un hecho similar. Fue
un provinciano enamorado de sus pagos láricos, describiendo maravillosamente las
cosas simples y rutinarias que ocurrían en sus tierras, pero tuvo la peregrina
idea de intentar alcanzar la cumbre literaria nacional sin apoyo político ni
editorial, lo que en las décadas de 1930 a 1960 era un asunto impensable (¿será
hoy distinto?). A temprana edad el joven rancagüiono fue ‘descubierto’ por el
escritor Augusto D’Halmar, cuando el novel vate se presentó en Santiago leyendo
uno de sus poemas más bellos y contundentes: “Responso a García Lorca”, en el
que fluye su innato amor a la España republicana y una indesmentible admiración
por el poeta y dramaturgo granadino asesinado el año 1936, al inicio de la
guerra civil hispánica.
Dios le regaló el don de la escritura, pero le negó el
oro que sí entregó a otros como Neruda y Huidobro. Desempeñó una variada gama de
oficios y profesiones. Fue trabajador bancario, profesor de castellano y
bibliotecario. Nunca abandonó su ciudad natal ni tampoco mostró interés por
viajar al exterior. Sus amores irreductibles le impedían abandonar la ‘ciudad
heroica’, y entre esos cariños profundos manifestó preferencias claras por los
aromas del trigo, por la historia nacional que cruzó sus tierras y, ya lo
dijimos, por esa España revolucionaria en lo literario y político que supo
atrapar en el escenario de sus encantos a tantos poetas y novelistas
latinoamericanos.
Sus trabajos escriturales lo demuestran sin ambages,
pues tales querencias fluyen con aromas propios en obras como “La comarca del
jazmín’, ‘La vida simplemente’, o en poemas de inmensa calidad y letanía
bucólica, donde los títulos bastan para entender cuánto amaba a su terruño.
‘Para que no me olvides’, ‘Romance de Isolda Pradel’ (su esposa), ‘Despedida’,
‘El sermón de los trigales’, ‘Romance del hombre nocturno’, ‘Por calle del rey
arriba’, entre otros, dan fe del aserto anterior.
Algunas anécdotas que se conocen hoy permiten aquilatar
mejor la calidad humana de Oscar Castro. En Rancagua, sabedor de la necesidad
imperiosa que todo artista requiere para seguir creando, el poeta recorrió
oficinas públicas y privadas, locales comerciales e industrias procurando un
apoyo que nunca llegó. Sin amilanarse ante el fracaso, o frente a la desidia
mostrada por los poderosos de la zona, fundó el Grupo Literario Los Inútiles,
respondiendo de esa laya al desinterés del stablishment de la época. “A los
escritores, cuentistas y poetas, la gente que cuenta con el don del dinero los
considera una inutilidad económicamente hablando”, aseguró Castro a sus amigos
al momento de proponerles la fundación del nuevo grupo.
También se cuenta que el poema ‘A Isolda Pradel’, el
vate lo redactó en un momento que su esposa dudaba de la fidelidad del escritor.
Dicen quienes le conocieron que con una pequeña daga Oscar Castro atravesó el
papel donde había escrito esa poesía y clavó el cuchillito en la cabecera de la
cama, dejándolo allí a objeto que Isolda lo encontrase esa noche y se percatara
de cuánto realmente la amaba. El poema es bellísimo, y en varias partes puede
leerse: “eres la esposa en el día, pero en la noche eres novia”.
Oscar no participó activamente en ningún movimiento
político partidista, lo que le significó –pese a su innegable maestría- el
olvido intencional de las cúpulas dirigenciales y del periodismo comprometido,
los que negaban sal agua a aquellos escritores que se mantenían fuera de los
cuadros partidistas. Incluso se vio en la necesidad de auto editar algunas de
sus obras, ya que las casas editoriales mostraban interés solamente en autores
‘recomendados’ por ciertas tiendas del espectro político criollo. Pese a no
disponer de base económica personal, de apoyo empresarial o público, y de no
contar con aportes de ningún partido –popular o conservador- tozuda y
magistralmente continuó creando, escribiendo , proponiendo y haciendo camino al
andar.
Murió joven, aquejado de una fatal tuberculosis cuyo
desenlace fatal llegó en el Hospital del Salvador, en Santiago, el año 1953. A
su esposa, Isolda Pradel (que le sobrevive) solicitó desde su lecho de enfermo
que lo sepultaran en Rancagua. No quiso abandonar sus pagos ni siquiera en esa
hora aciaga.
A finales de los años sesenta el actor Héctor
Duvuachelle y el grupo folclórico ‘Los cuatro de Chile’ rescataron parte de la
obra de Oscar Castro poniendo en escena un evento cultural y musical que, aún
hoy, sigue cantándose por doquier. Posteriormente, una vez que llegaron los años
del quiebre político en nuestro país y más tarde la larga noche dictatorial, la
voluminosa obra del fallecido poeta rancagüino pareció volver al triste y típico
olvido nacional.
Rancagua, en cambio, no ha cejado en extremar esfuerzos
para llevar a Oscar Castro al lugar que por calidad le corresponde. Su viuda,
Isolda Pradel, preside la Fundación que lleva el nombre del insigne escritor y
desde allí –sin tregua ni descanso- desarrolla un trabajo incesante que alcanza
a estudiantes, medios de comunicación y diversos escenarios regionales.
Instituciones como el Consejo de las Artes y la Cultura, la Municipalidad de
Rancagua y varias agrupaciones literarias locales, coadyuvan en la tarea,
destacándose con brillo propio la labor efectuada por Guillermo ‘Tato’ Drago,
conocido y respetado historiador rancagüino que –con dineros de su propio
peculio- ha rescatado la vieja casa donde nació el poeta, transformándola en un
referente importante, y punto de encuentro, para todos los amantes de la poesía,
novela y cuento que hoy han vuelto a renacer, afortunadamente, en la capital de
la Sexta Región.
Pero Rancagua es sólo Rancagua y carece del potencial
que caracteriza al ‘verdadero Chile’, Santiago y sus calaveradas de enano
gigante. Sin embargo, día tras día Oscar Castro da nuevos pasos rumbeando hacia
la cúspide de esa veleidosa pirámide escritural que sigue siendo ocupada –por
obra y gracia de intereses políticos y no sólo debido a la calidad de las plumas
que redactaron maravillas en prosa y verso- por los sempiternos grandes de la
poesía criolla….esos cuya creación ha sido estupenda, pero que, en rigor a la
verdad, tienen competidores ocultos tras la sábana del olvido tejida por
administradores de la soberbia.
Más sobre Oscar Castro y Algunos de sus
poemas.
Enviado por
Shyvy
el 11/04/2006 a las 21:22....de ATINA CHILE

Este
gran Poeta Chileno, nacido en Rancagua, el 25 de marzo de 1910, es en la
literatura chilena un ejemplo del creador nato que, habiendo nacido en cuna
popular, se desenvolvió en ese ambiente durante la mayor parte de su vida y
fue objetivamente consecuente con los rasgos más característicos del sentir
popular de la época.
Poeta de las cosas simples, de las mañanas campesinas, de los amores
provincianos; cuentista de la niñez y de los agrestes mineros, supo trasmitir,
en su corta vida, imágenes y sentimientos que permanecen en el corazón de todo
lector sensible."
Un grupo musical chileno, cantó los poemas de Oscar Castro. Con la música de
Ariel Arancibia, Los Cuatro de Chile, Héctor y Humberto Duvauchelle,
publicaron el cd Homenaje a Oscar Castro
POEMAS CANTADOS
1.-Romance del Hombre Nocturno
Mi yegua subía, lenta
con firmes pasos de bronce.
La noche de crucifijos
fulgía sobre los montes
Andaba el agua desnuda
En claras conversaciones
Con los grillos y las piedras
Y las huidas canciones
" Es mala la noche amigo,
y en el monte andan ladrones"
¡Buen viejo!, me lo decía
allá en el campo de trojes
y un sobresalto rondaba
por sus pupilas de azogue.
Pero era buena la sombra
Madura de oros y olores
¿Miedo?, mi yegua era firme
y yo llevaba un revolver en el cinto
y en el pecho, un ancho
corazón de hombre.
Sin embargo,sin embargo,
mi mano sobresaltose.
Cuatro jinetes venían,
Pausados bajando el monte.
Los vi recortarse, negros
Contra las constelaciones.
Mi bestia irguió las orejas
en agudos aguijones
Y la estría de un lucero
Rieló sobre mi revolver.
¡Quién va!
los vi detenerse,
y mi voz multiplicose
rebotando en los picachos
como en cojín de resortes.
cruzaba en ese momento
un paso de angostos bordes:
A la derecha, el abismo,
tinta o residuo de noche;
adelante, los jinetes;
a la izquierda - muro- el monte.
Seguí avanzando en la sombra,
hacia las sombras inmóviles.
traspuesto el paso difícil,
me tropecé con sus voces:
¿Adónde marcha el amigo?
Al pueblo de mas al norte.
Me esperan mi vieja madre
Y mis hermanos menores.
Los dejé un día de marzo;
Cinco años van desde entonces.
Ancha mi voz y serena;
La suya opaca y de cobre
Miré brillar las pupilas
en un fulgor de emociones
-Acompañaré al amigo
hasta que trasponga el monte.
Cinco jinetes tomaron
Rumbo a las constelaciones
Bajaron cinco jinetes
Con firmes pasos de bronce.
Cuatro pararon de pronto
Y el otro siguió hacia el norte,
Después de estrechar las manos
Tendidas de los cuatro hombres.
Clareó mas tarde en el cielo.
Amanecer de limones.
Palabras de agua liviana.
Pájaros madrugadores
Cerca, maitenes y boldos;
lejos, Rancagua y sus torres;
y entre sus casas, mi casa,
con ciruelos y parrones
¡y mi madre con sus ojos
de mares y horizontes!
Detrás el recuerdo grande
de un bandido que era un hombre.
2.-Oración para que no me olvides
Yo me pondré a vivir en cada rosa
Y en cada lirio que tus ojos miren
Y en todo trino cantaré tu nombre
Para que no me olvides
Si contemplas llorando las estrellas
Y se te llena el alma de imposibles,
Es que mi soledad viene a besarte
Para que no me olvides
Yo pintaré de rosa el horizonte
y pintaré de azul los alelíes
y doraré de luna tus cabellos
para que no me olvides.
Si dormida caminas dulcemente
por un mundo de diáfanos jardines,
piensa en mi corazón que por ti sueña,
para que no me olvides.
y si una tarde, en un altar lejano,
de otra mano cogida, te bendicen,
cuando te pongan el anillo de oro,
mi alma será una lágrima invisible
en los ojos de Cristo moribundo
¡ Para que no me olvides
3.-Romance de barco y junco
El junco de la ribera
y el doble junco del agua,
en el país de un estanque
donde el día se mojaba,
El junco de la rivera
y el doble junco del agua,
donde volaban, inversas,
palomas de inversas alas.
El estanque era un océano
para mi barco pirata:
mi barco que por las tardes
en un lucero se anclaba.
Mi barco de niño pobre
que me trajeron por pascua
y que hoy surca este romance
con velas anaranjadas.
Al río del pueblo, un día,
llevé mi barco pirata.
lo dejé anclado en la orilla
para hacerle una ensenada;
mas lo llamó la corriente
con su telégrafo de aguas
y huyó pintando la tarde
de letras anaranjadas.
Dos lágrimas me trizaron
las mejillas desoladas.
en la cubierta del barco
se fué, llorando, mi infancia.
Para escuchar " Romance de barco y junco" y " Para que no me olvides" puede ir
a este link..
http://www.geocities.com/ioyarzun_5/midi.html
Enviado por
Benedicto
el 11/04/2006 a las 09:37 PM
Raúl González Labbé, uno de los inolvidables
Inútiles, en un lúcido estudio publicado por allá por 1941 (y luego
reeditado por la desaparecida Editorial del Pacífico en 1973) llamó a ??scar
Castro: Luz en su tierra.
En ese pequeño libro, que no alcanza las cien páginas, trazó una
descripción emocionada de su hermano de letras, pero no por ello excenta
de verdad y objetividad.
El gran poeta rangüino, tan tempranamente desaparecido para nuestra
literatura, es una figura indeleble entre los mejores exponentes de
nuestra poesía.
Hay que volver a leer a Castro, porque tiene esa calidez y ritmo interno
tan especial, pues construyó sus versos con una musicalidad innata que lo
hace ser tan cercano a nuestras raíces.
Que bueno, Shyvy, que te acordaste de él, como diría su querida Isolda,
"Para que no me olvides"
Benedicto Andrés